Apuntes sobre la militancia (parte 1)

militantes_radicales

Resumen y recopilación, Bruno Pedro De Alto
San Isidro, julio de 2017

La palabra
En el latín se encuentra el origen etimológico del término militancia. Militaris, que se empleaba para referirse a todo lo concerniente a los soldados y ejércitos.
El concepto de activismo o militancia se puede generalizar como la dedicación intensa a una línea dada de acción en la vida pública, ya sea en el campo social, político, ecológico, religioso u otro. También se entiende por activismo la estimación primordial de la acción, en contraposición al quietismo. La militancia, es entonces, la conducta o actitud de aquel que se esfuerza por defender una causa, puede desarrollarse a través de un partido político, de una organización no gubernamental o incluso desde lo individual.
Militancia es la práctica del militante. La noción de militancia también se utiliza para nombrar al conjunto de los militantes de una determinada organización.
Un militante político, por lo tanto, es aquel que desarrolla su militancia dentro de un partido. Por lo general, esta militancia lleva a la persona a participar de actos partidarios, a integrarse a comités o unidades básicas y a difundir las propuestas electorales de su partido para tratar de que sus candidatos alcancen cargos públicos.
La militancia social puede llevarse a cabo a través de una ONG u otra asociación civil. Lo habitual es que el militante forme parte de una organización que defiende intereses que la persona considera importantes, como el cuidado del medio ambiente o la protección de animales.
En algunos casos, la militancia también puede ser una conducta individual, sin que el sujeto se incorpore a un partido o una organización. Esto, sin embargo, es poco frecuente ya que le resultará más difícil defender o impulsar una causa sin el apoyo de una estructura.

Qué es la militancia, por Ernesto Jauretche(1).
Militante es aquel que intenta transformar el mundo con su ejemplo; sabe que decir lo que se piensa y hacer lo que dice es el arte mayor de una noble práctica política.
Su proceder está guiado por un precepto evangélico: luchar por la igualdad entre todos los seres humanos.
Su enorme tarea se inscribe en un paradigma fraterno: “ningún ciudadano se realiza en una Nación que no se realiza”.
La cultura de la solidaridad y el trabajo le marcan el norte de las utopías revolucionarias.
Arrastrando este sublime bagaje, caerá mil veces; encontrará energía en el servicio a sus semejantes y mil veces se levantará.
Su paso por la historia sólo está justificado si es capaz de honrar la vida: defender los derechos sociales y políticos de los desposeídos, y sostener a ultranza, poniendo el cuerpo si es preciso, una inquebrantable lealtad con el pueblo que le da su aliento.
Se apega a los principios éticos que hacen mejores a todos los humanos y ejerce las conductas morales escritas en la conciencia colectiva. Por eso el militante sólo existe como héroe colectivo; no puede expresarse como individuo sino dentro de LA MILITANCIA.
Hoy, cachuza, desperdigada y diezmada, esa tropa obstinada en escribir día a día la historia argentina vuelve a encontrar un rumbo y una esperanza. Hacen frente a un enemigo implacable: “la raza maldita de los explotadores” y sus mandaderos: los que tienen, siéndolo o no, “alma de oligarcas”.
Para defender el sueño de una patria justa, libre y soberana, soldados incansables de la igualdad, la libertad y la democracia alimentarán la llama inextinguible de nuestra pasión argentina.
El aluvión de la militancia popular se levantará otra vez como el batallón escogido de un ejército invencible: el de la clase trabajadora argentina.

Evolución de las formas militantes:

La experiencia militante para generar adhesiones o construir políticas, se presenta como una herramienta relativamente novedosa en la historia de la humanidad.
Se podría afirmar que la “rosca” nace antes que la militancia, en los grandes imperios de la Antigüedad. El ágora en la Antigua Grecia, el Foro y el Senado Romano, por ejemplo; no requería una acción militante puesto que era de carácter obligatorio para cada ciudadano, así como a la función pública. Solo hacía falta ser “rosquero”.
El origen de los primeros militantes es más actual, ligado a las democracias modernas y a las penurias que generaba el capitalismo en la clase obrera. Su característica fundamental será, de carácter panfletario e incendiario: repartían lo que podían para explicar sus ideas generalmente en escritos, y movilizaban a la gente hacia las actividades como los mitines, movilizaciones o huelgas.
La Revolución Francesa y sus adherentes innovaron y revolucionaron no sólo el sistema político, sino también la forma de hacer política. Las reuniones en bares y plazas, así como en cuanto sitio público apareciera estuvieron a la orden del día y se organizaban espontáneamente con el fin de encender la pasión de la llama revolucionaria, dando origen a los clubes que oficiaban como centros de discusión política, y hasta literarios. Esa forma de militancia se trasladaría a América Latina y los revolucionarios de Mayo la llevaron a la práctica con eficacia para poder ganar su Primera Junta; French y Berutti fueron los militantes más activos, los que salían a recorrer las calles en busca de adherentes que coparan la Plaza y el Cabildo, para generar la presión que el ejército de Saavedra vacilaba en aplicar.

antiguos militantes Antiguos militantes de mayo, acarreados.

El desarrollo de las ciudad de Buenos Aires en la segunda mitad del siglo XIX, genera una composición social más compleja, especialmente con la corriente inmigratoria y, se complejiza la práctica política.

Los migrantes europeos se incorporan a la fuerza laboral argentina con su experiencia previa, donde el socialismo y el anarquismo prendían entre los trabajadores incorporando la vida sindical de la mano del trabajo: con afiches pegados en cualquier rincón de la calle como medio de comunicación, los diarios propios y, la forma que más molestó a la patronal, los mitines.

Nace el sindicalismo en la Argentina, y al igual que el socialismo la Unión Cívica Radical, cómo partido político, toma sus formas de militancia para incorporar o sumar voluntades. Este novel actor político inaugura estas herramientas políticas para llevar adelante la lucha para lograr una democracia plena y participativa. El radicalismo incorpora a las formas de militancia sindical, el Comité, que eran los centros de reunión para la participación y la discusión de los militantes, a la vez además de un lugar para sumarse a esta militancia para quienes querían pero no sabían adónde ni a quién recurrir; por eso también, en los barrios, los jefes de los Comités se erigían en líderes políticos: nacen así los caudillos de barrio o los “punteros”, llamados así porque hacían “punta” o iban a la cabeza de toda movilización, pero también se encargaban de “apuntar” lo que sucedía en el barrio, quiénes adherían a su propuesta y quiénes no.

Se constituye entonces una causa y efecto: el militante y su acción política.

Los Comités fueron el motor de la campaña que le permite a Yrigoyen llegar al gobierno en 1916. Los medios de propaganda eran nulos, porque ni siquiera había llegado el tiempo de la radio como medio de alcance para los sectores populares, y el boca a boca era el recurso más efectivo y el más económico para un partido naciente que jamás había estado en el poder.
El surgimiento del peronismo no impone novedades militantes en cuanto a la práctica, pero sí en cuanto a sus características. Cambia la composición social y en la pirámide peronista, la base se amplía en las capas populares, en la clase trabajadora. Se retoman las prácticas del radicalismo y los viejos Comités, se transforman en Unidades Básicas, los centros de reunión para las bases. El peronismo, como toda experiencia novedosa, surge desde la oposición y debe remontarse en la adversidad. El mismo proceso que los revolucionarios de mayo, los socialistas, los anarquistas y los sindicalistas en la Argentina. Pero debió hacerlo en la más dificultosa adversidad: el medio de comunicación masivo, la radio, estaba en manos de la coalición más importante formada en la historia Argentina: la Unión Democrática, formada por todos los partidos políticos y el apoyo de los EEUU.
Ante semejante maquinaria propagandística, la nueva fuerza política impone la imaginación para llegar al poder: los camiones de obreros con engrudo y afiches empiezan a recorrer las ciudades dejando el sello inevitable para el transeúnte y el candidato en desventaja, para llegar a la gente, sólo tiene un camino que emplea con éxito: recorrer cada rincón del país para hacerse conocer aún donde la radio no se conocía. Y este candidato expone una nueva forma de militancia, ante la falta de una estructura partidaria: la militancia movimientista. El movimiento, pues, se hace presente en cada instancia, en cada acontecer de la vida cotidiana. Y el militante con conciencia movimientista, milita en cada espacio de su vida. No tiene que apegarse a las formas ni a las reglas de un partido: sólo debe hacer militancia activa en cada acción que le permita marcar una diferencia entre su ideología y la del resto. Un docente, entonces, hace militancia al dar clases, un abogado, al hacer cumplir las leyes, un artista, al transmitir ideas y sentires con su obra, y así infinitamente. El movimiento, el peronismo, explica que se puede militar aún en los ámbitos más inesperados y que toda acción cotidiana es transmisora de ideología. La maquinaria militante se expande hacia todos los ámbitos de la vida porque la coyuntura así lo exige: los sectores populares nunca tendrán los medios para llegar masivamente como lo hacen las elites. La militancia se opone y se impone, a su vez, a la gran maquinaria propagandística.
Durante el exilio de Perón, aparecen otras formas militantes semi clandestinas de la Resistencia: sabotaje a la patronal, “caños”, “miguelitos”, sumado al riesgo de la represión y la cárcel.

Un capítulo amplio y rico, con mucha mítica rescatada por el kirchnerismo, es la militancia de los ´70, aunque tiene raíces en los finales de los ´60. Una recomendable lectura es “La voluntad” de Anguita y Caparrós(2).

El retorno a la democracia en 1983 también muestra un retorno a todas las formas primitivas de militancia, pero suma una maquinaria propagandística disruptiva: la TV. Los candidatos
centran sus campañas en los medios y no en la militancia.

La crisis de representación surgida con el estallido del 2001 lleva a la gente a constituirse en asambleas por fuera de toda estructura partidaria. Luego Néstor Kirchner hablará de “miles de flores”, metáfora maoísta; se retomará la idea del héroe colectivo con El Eternauta; los militantes presentes en las catástrofes, como nuevo ícono de la militancia; y los “patios de la militancia”, en la Casa de Gobierno con Cristina.
Y hacia fines de la primera década, Internet es una fuerza arrolladora que penetra en los hogares e irrumpe violentamente, al tiempo que la sociedad argentina se desayuna con una “novedad”: los medios de comunicación no son tan independientes como se suponía.

Fuente: La militancia como herramienta de construcción política Apuntes para una militancia actual. historianacpop.blogspot.com.ar/2013/03/la-militancia-como-herramienta-de.html


Redes sociales, uso como herramienta de participación política. El ciberespacio terreno disputado:

El contexto actual se caracteriza por:

· “La inmaterialidad de la materia prima”
· Interconexión e interactividad que posibilita al receptor ser formador de mensajes.
· Instantaneidad que deshace las barreras del tiempo y del espacio.
· Nuevos lenguajes expresivos e hipertextualidad.
· Innovación tecnológica.
· Posibilidad de segmentar la audiencia.

Procesos paralelos: auge de la militancia partidaria y surgimiento de las nuevas tecnologías y las redes sociales.
La toma de decisiones sobre su uso dentro de las estructuras partidarias fue desplazándose hacia la militancia y con ello surge la necesidad de visibilizar lo que se está haciendo. Esto es llamado militancia 2.0 y es reflejo de la militancia territorial, y tiene como objetivo primordial que se produzca el debate. Es el intento para que un tercero también tome posición sobre el tema.

Fuente: Redes sociales, analizan su uso como herramienta de participación política. Universidad Nacional de Villa María – Instituto de Ciencias Sociales. argentinainvestiga.edu.ar/noticia.php?titulo=redes_sociales_analizan_su_uso_como_herramienta_de_participacion_politica&id=2676


Repasando el tema de la posverdad:

Posverdad o mentira emotiva es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En cultura política, se denomina política de la posverdad, o política posfactual, a aquella en el que el debate se enmarca en apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de la política pública y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas -los hechos- son ignoradas. Se resume como la idea en “el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”.
Para algunos autores la posverdad es sencillamente mentira, estafa o falsedad encubiertas con el término políticamente correcto de posverdad que ocultaría la tradicional propaganda política y el eufemismo de las relaciones públicas y la comunicación estratégica como instrumentos de manipulación y propaganda.

Fuente: es.wikipedia.org/wiki/Posverdad


Militancia y territorio:

En un principio, una mirada sobre las actuales categorías construidas, en relación al espacio, lleva la idea que militancia y territorio se da en espacios cerrados, con fronteras. Tienen materialidad física: el barrio, la fábrica, la facultad, la universidad, la ciudad, etc.
Son los anclajes por los cuales las organizaciones definen su organización interna y los militantes su pertenencia específica. En estas nuevas prácticas y definiciones subyace el concepto de espacio o territorio como producto de una construcción.

Aquello que debe ser construido es algo que no existe previamente. Lo que es necesario de ser armado es algo que da, al menos, un nuevo relieve a un paisaje ya existente.
Pero, la constitución hecha por los militantes de los espacios o “lugares sociales” no refiere únicamente a una dimensión física, sino que intervienen procesos sociales e históricos, siendo creados y recreados a través de prácticas cotidianas y relaciones sociales, compuestos de valores y sentidos.

Para esta tarea se establecen actividades habituales, pero que pertenecen a estrategias a largo plazo:

· Se busca visibilidad para ser referenciado “caminando el barrio todos los días”.
· Se establecen relaciones personales nuevas “buscando casa por casa al vecino y sus problemas”.
· Se trabaja en las problemáticas, detectando las necesidades e intereses de la gente.
· Plantear soluciones concretas para los problemas que hay.

Otra categoría del análisis son: el militante que es del territorio, el militante que va a militar al territorio, y los nuevos militantes que surgen de estas actividades.

Desde esta perspectiva, el militante no es tal sin un lugar social, sin un territorio en el que desarrollar su práctica, porque ante todo él se considera un sujeto de la práctica y la práctica siempre supone a otros.

Fuente: Silva, María Luz (2013). Yo milito en el barrio, no sirvo para la universidad. Militancia, juventud y construcción de espacios sociales en tensión. VII Jornadas de Jóvenes Investigadores. Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
www.aacademica.org/000-076/143.pdf

 

1 Periodista. Escritor. Investigador. Sobrino de Arturo Jauretche.
2 Anguita, Eduardo – Caparrós, Martín. La voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina. Editorial Planeta. (1997 – 1998)